El escritor Luis Melero pide colaboración para un libro que está escribiendo. Se trata de ayudarle a coleccionar ejemplos de errores típicos que cometemos u observamos en la vida diaria. Aquí va mi granito de arena.
En un tren inglés, esperando para bajar. La puerta no se abre a menos que se pulse el botón de apertura de la puerta. Pero el botón sólo abrirá la puerta cuando la aureola del mismo se illumine, porque será entonces y solo entonces que el tren habilite el botón para que active la apertura de la puerta.
Típicamente la persona que está más cerca será la encargada de pulsarlo.
Y aquí viene el error: la persona encargada de pulsar el botón lo mira fijamente para pulsarlo tan pronto como se ilumine. Tiene que ser acción y reacción, pin y pan. El pulsador del botón debe parecer el más rápido, el más ávido y la persona con más reflejos que jamás pisó la tierra. Si estas condiciones excepcionales no se dieran, por lo menos el pulsador del botón sabe cual es su papel e intentará estar a la altura de todos modos.
¿Y todo porque? Porque tenemos que ser eficientes y ahorrar tiempo para usarlo trabajando, aunque esa es otra historia.
El error es pensar que hay que esperar a que el botón se illumine para poder pulsarlo, cuando uno puede mantener el botón pulsado y esperar a que el botón se habilite para que la puerta se abra sola. Con los segundos de tensión que nos ahorramos pensaremos en algo positivo y empezaremos el día mejor que el energúmeno que espera mirando fijamente el botón.
En un tren inglés, esperando para bajar. La puerta no se abre a menos que se pulse el botón de apertura de la puerta. Pero el botón sólo abrirá la puerta cuando la aureola del mismo se illumine, porque será entonces y solo entonces que el tren habilite el botón para que active la apertura de la puerta.
Típicamente la persona que está más cerca será la encargada de pulsarlo.
Y aquí viene el error: la persona encargada de pulsar el botón lo mira fijamente para pulsarlo tan pronto como se ilumine. Tiene que ser acción y reacción, pin y pan. El pulsador del botón debe parecer el más rápido, el más ávido y la persona con más reflejos que jamás pisó la tierra. Si estas condiciones excepcionales no se dieran, por lo menos el pulsador del botón sabe cual es su papel e intentará estar a la altura de todos modos.
¿Y todo porque? Porque tenemos que ser eficientes y ahorrar tiempo para usarlo trabajando, aunque esa es otra historia.
El error es pensar que hay que esperar a que el botón se illumine para poder pulsarlo, cuando uno puede mantener el botón pulsado y esperar a que el botón se habilite para que la puerta se abra sola. Con los segundos de tensión que nos ahorramos pensaremos en algo positivo y empezaremos el día mejor que el energúmeno que espera mirando fijamente el botón.