Un sistema de pago
tiene que garantizar tres propiedades básicas:
1) Una moneda solo
debe pertenecer a una persona.
2) La persona a la
que pertenece una moneda debe dar su consentimiento para que la
moneda pase a pertenecer a otra persona y elegir libremente a quien
entregar su moneda.
3) Una vez que un
pago ha sido efectuado, este es irreversible y el pagador no puede
repudiar la operación.
Además de estas
tres propiedades básicas, hay otras dos propiedades opcionales que
los usuarios de monedas pueden requerir: privacidad y fungibilidad.
Hablaremos de estas dos propiedades opcionales más adelante.
Cuando usamos un
banco para pagar y cobrar dinero lo único que nos hace pensar que
las propiedades del sistema de pago (o reglas de juego) se cumplen es
nuestra confianza en el buen hacer de todos los elementos del sistema
bancario. La realidad es que a veces basta con que un solo elemento
de la cadena de pago sea corrupto para que un sistema de pago no
funcione.
Por ejemplo, si
pagamos a un proveedor a través de nuestro banco y todo parace
correcto para nosotros y nuestro banco, pero en el banco del
destinatario del dinero lo ingresan a una persona “amiga” del
banco distinta de la persona a la queremos pagar. La propiedad 2) no
se cumple porque no hemos podido elegir a quien pagábamos.
Una criptomoneda es
un sistema de pago electrónico descentralizado donde las tres
propiedades básicas mencionadas arriba están garantizadas mediante
técnicas criptográficas en vez de requerir la confiabilidad de
todos los elementos de la cadena de pago.
La palabra
criptomoneda es una traducción literal de la palabra inglesa
“cryptocurrency”, que podría definirse como una moneda
electrónica donde la confianza ha sido sustituida por técnicas
criptográficas para evitar la necesidad de confiar.